Llevamos años anunciando la revolución de la salud digital. Y, si somos exigentes, todavía no ha llegado.
Ha habido telemedicina, apps, wearables, monitorización remota, digital therapeutics y multitud de pilotos. También hemos visto buenas soluciones que nunca se integraron en la práctica clínica, proyectos que no encontraron continuidad y profesionales que no percibieron suficiente valor —o apoyo— para incorporarlos a su día a día.
Por eso la pregunta no es si la salud digital tiene potencial. Eso ya lo sabemos. La pregunta es otra: ¿por qué debería ser diferente ahora?
Creo que estamos entrando en un punto de inflexión.
No porque haya aparecido una tecnología milagrosa, sino porque empiezan a confluir piezas que durante años avanzaron por separado: tecnología, regulación, datos, evaluación, financiación y una presión creciente por transformar la prestación asistencial. Durante demasiado tiempo, además, lo hicieron sin un marco común suficientemente claro.
Y, por supuesto, está la inteligencia artificial. En mi experiencia, hoy resulta difícil hablar con un hospital, una farmacéutica o una administración sanitaria sin que la IA aparezca rápidamente en la conversación. Es la gran aceleradora. Pero detrás ocurre algo más estructural: Europa define con mayor claridad el terreno de juego de la salud digital.
Una dirección que antes no estaba tan clara
El 26 de marzo de 2025 entró en vigor el Reglamento del European Health Data Space (EHDS).
Es un primer paso crítico, pero Europa aún no tiene un mercado único de salud digital. Su aplicación será progresiva: en marzo de 2029 empezarán a aplicarse partes clave del Reglamento y en 2031 se ampliará a nuevas categorías de datos, como imagen médica, resultados de laboratorio o determinados datos genómicos.
El cambio relevante no es solo el calendario. Es la dirección.
El EHDS dibuja un futuro de mayor interoperabilidad, acceso y control del dato sanitario, uso primario y secundario de la información e infraestructuras compartidas. No resuelve todos los problemas, pero reduce una incertidumbre fundamental: hacia dónde vamos. A ello se suma el AI Act y un marco progresivamente más definido para utilizar IA de manera segura en salud.
También evolucionan los mecanismos de evaluación y financiación. Alemania desarrolla DiGA y Francia avanza con PECAN, mientras otros países exploran sus propios modelos.
Los datos de DiGA muestran hasta qué punto una vía clara de acceso puede contribuir a crear mercado. Entre septiembre de 2020 y finales de 2025 se utilizaron 1,6 millones de DiGA financiadas por el seguro público alemán, con un gasto acumulado cercano a los 400 millones de euros. Solo en 2025 su utilización creció un 63% y al finalizar el año había 58 soluciones en el catálogo.
Francia está en una fase más inicial. PECAN, operativo desde 2023, permite financiar durante un año determinadas soluciones digitales innovadoras mientras completan la evidencia necesaria para acceder al reembolso ordinario. A junio de 2026, cuatro dispositivos médicos digitales habían obtenido esta financiación anticipada. Francia y Alemania mantienen además una cooperación para aproximar y aprender de sus respectivos procesos de evaluación.
Pero Alemania deja otro aprendizaje: tener un marco de acceso no garantiza la adopción. La evidencia sigue siendo exigente; algunas soluciones han sido retiradas por no demostrar finalmente el beneficio esperado y persisten barreras de aceptación entre profesionales y pacientes.
Regulación, evaluación y financiación son necesarias, pero el impacto aparece cuando la solución demuestra valor y se incorpora a la práctica cotidiana.
El aprendizaje es importante: una buena tecnología no es suficiente. Evidencia, acceso, integración y adopción forman parte de la innovación.
Esperar a 2029 es un error
Podríamos interpretar los próximos años como una fase de transición mientras Europa termina de construir el nuevo marco. Sería un error.
La arquitectura europea no sustituye las capacidades nacionales: se construye sobre ellas.
El horizonte de 2029 no reduce la importancia de las iniciativas nacionales. La aumenta. Los próximos años son una oportunidad para desarrollar capacidades, generar evidencia, construir alianzas e integrar soluciones en condiciones reales.
Para una compañía farmacéutica, la pregunta no debería ser simplemente: ¿qué proyecto digital podemos lanzar en España?
Debería ser:
¿Qué podemos aprender y demostrar en España durante los próximos dos o tres años que nos permita construir una solución relevante aquí y potencialmente transferible a otros mercados?
La lógica es sencilla:
Validar localmente → consolidar nacionalmente → diseñar para escalar a nivel europeo.
No todos los proyectos deberán convertirse en soluciones paneuropeas. Pero los estratégicos deberían evitar desde su diseño barreras que dificulten una futura réplica.
Porque el verdadero riesgo no es ser local. Es diseñar algo que “solo” pueda ser local.
España tiene activos para jugar esta partida
Nuestro sistema sanitario es complejo por su descentralización, pero tiene fortalezas.
El Ministerio de Sanidad está desplegando la Estrategia de Salud Digital del SNS mediante iniciativas de atención digital personalizada, Atención Primaria, interoperabilidad, genómica y espacios de datos. En julio de 2026 publicó un informe con los resultados y aprendizajes de 21 proyectos piloto desarrollados por las CCAA e INGESA dentro del Plan de Atención Digital Personalizada, con especial interés en validar nuevos modelos asistenciales y facilitar su futura escalabilidad.
Además, contamos con hospitales con una madurez creciente para impulsar iniciativas ambiciosas.
Una referencia imperfecta, pero útil, es el World’s Best Smart Hospitals 2026 de Newsweek y Statista. No es una acreditación clínica ni debería utilizarse aisladamente para seleccionar un hospital, pero ofrece una señal internacional comparable sobre el grado de incorporación de tecnologías digitales.
Vall d’Hebron ocupa la posición 27 mundial y es el quinto hospital europeo. Entre los españoles destacan también Hospital Clínic Barcelona, Gregorio Marañón y Hospital 12 de Octubre. Sant Joan de Déu entra por primera vez en la edición 2026 y alcanza el máximo nivel de reconocimiento en la encuesta de madurez tecnológica.
Más que el puesto, importa la señal: España dispone de hospitales con capacidades sobre las que construir proyectos digitales relevantes.
Eso sí: un smart hospital no es automáticamente el mejor partner para cualquier innovación. Hay que encontrar el centro que combine necesidad clínica, liderazgo interno, madurez digital, capacidad de generar evidencia y voluntad real de integrar la solución.
De la innovación local a la ambición europea
Algunos proyectos empiezan a mostrar cómo podría funcionar esta nueva lógica.
En España, GSK impulsa PrevAIR junto con Tucuvi y el Distrito Sanitario Málaga-Guadalhorce del Servicio Andaluz de Salud. El proyecto utiliza LOLA, el agente conversacional de voz desarrollado por Tucuvi, para apoyar el seguimiento de pacientes con EPOC en Atención Primaria. Participan 15 centros y se prevé incorporar cerca de 3.000 pacientes para evaluar, entre otros objetivos, si el modelo puede contribuir a reducir hospitalizaciones relacionadas con la enfermedad.
Más allá de la tecnología, me parece interesante el modelo de innovación abierta y cocreación que representa: una farmacéutica, una healthtech y el sistema sanitario público trabajando conjuntamente alrededor de una necesidad asistencial concreta.
Tucuvi fue también una de las startups que compartió su experiencia en las SDLI Talks del Health Revolution Congress, en una conversación precisamente centrada en innovación abierta en salud.
Es un buen ejemplo del papel que puede desempeñar la industria: no solo financiar una solución, sino identificar necesidades, conectar stakeholders, aportar capacidades y contribuir a generar evidencia que permita decidir si el proyecto merece escalar.
El siguiente paso en esta lógica es la ambición europea.
Tandem Health nació en Suecia desarrollando asistentes de IA que generan borradores de documentación clínica a partir de la conversación entre profesional y paciente. Un estudio publicado en 2026 analizó más de 236.000 notas generadas por 1.295 profesionales y observó, entre los usuarios consolidados, una reducción estimada del tiempo dedicado a documentación, además de mejoras percibidas en estrés administrativo y atención al paciente. Es evidencia observacional, pero relevante por su escala.
Lo interesante, sin embargo, no es solo el caso de uso. Es la ambición.
Tandem está construyendo presencia en diferentes mercados europeos y ha utilizado alianzas y adquisiciones para adaptar y escalar su propuesta en distintos sistemas sanitarios. El problema que aborda tampoco es exclusivamente sueco: reducir la carga administrativa mediante transcripción y documentación asistida por IA está siendo explorado por numerosos sistemas sanitarios, incluido el español.
Aquí aparece otro tipo de oportunidad: una solución nacida en un mercado nacional, pero diseñada para poder operar en diferentes países y alcanzar escala europea.
Es una lógica coherente con la dirección que está impulsando Europa: compartir infraestructuras y estándares, facilitar la interoperabilidad y crear condiciones para que las soluciones digitales puedan superar la fragmentación histórica del mercado.
Europa necesita escala. Pero esa escala no aparece de forma abstracta. Se construye demostrando primero que una solución resuelve problemas reales en sistemas sanitarios concretos.
Los equipos locales tienen mucho que decir
Ante una mayor alineación europea existe una tentación: pensar que los grandes proyectos se decidirán desde los equipos globales o europeos y que los mercados locales deberán limitarse a implementarlos.
No tiene por qué ser así.
Los equipos locales conocen el sistema, los hospitales, los profesionales, los pacientes y las barreras de acceso. Pueden convertirse en generadores de proof points para Europa.
España puede ser el lugar donde se identifique una necesidad, se diseñe y cocree una solución, se valide su adopción y se genere evidencia. Europa puede ser después el espacio para estandarizar o escalar aquello que haya demostrado valor.
Europa no debería sustituir la innovación local. Debería elevar su ambición.
Ahora toca actuar
No sabemos exactamente cómo será el mercado europeo de salud digital en 2029. Quedan cuestiones abiertas sobre financiación, evaluación, interoperabilidad y adopción profesional.
Pero sabemos mucho más que hace cinco años sobre la dirección del viaje. Y eso cambia la decisión.
Ahora es el momento de que farmacéuticas, hospitales y otros actores del ecosistema actualicen conocimientos, formen a sus equipos, mapeen oportunidades y stakeholders, definan dónde quieren jugar, busquen alianzas y lancen iniciativas capaces de generar aprendizaje y evidencia.
No necesitamos más pilotos porque la tecnología esté de moda. Necesitamos proyectos estratégicos que resuelvan problemas relevantes y nazcan pensando en cómo integrarse, sostenerse y escalar.
En SDLI trabajamos precisamente en este espacio: ayudando a organizaciones sanitarias y compañías farmacéuticas a entender el nuevo contexto, identificar dónde pueden generar valor, conectar los actores adecuados y convertir oportunidades en proyectos que puedan validarse en condiciones reales.
De aquí a 2029 tendremos más claridad sobre las reglas del juego europeo. Pero quienes esperen hasta entonces empezarán a construir capacidades cuando otros llevarán años acumulando experiencia, evidencia y alianzas.
Este es el momento de actuar: validar localmente, consolidar nacionalmente y diseñar para escalar. Porque la próxima etapa de la salud digital no empezará en 2029. Se está construyendo ahora.





